Nada es imposible: Cómo pasar de freelance a negocio real y mi historia personal

Nada es imposible, tampoco pasar de freelance a tener un negocio real. A convertirte en el dueño de un negocio que genera beneficios.

Pero seamos realistas: redactar un balance anual y quedarse únicamente con todo lo bueno que te ha pasado no sería del todo creíble.

Y aún así, me gusta obviar todas aquellas experiencias que, aún habiéndote ayudado a crecer, me hirieron y quedarme con todo lo positivo que he vivido hasta el día de hoy.

La gran mayoría de esas experiencias profesionales serán la base de nuestro aprendizaje. De todo y de todos, se aprende.

De todas y cada una de esas personas, yo he aprendido. Son mis aprendizajes y los que me han hecho llegar a ser la empresaria que soy hoy.

Desde que en julio de 2016 puse en marcha, Blanco Ruso, mi estudio de diseño y estilismo de marca para emprendedores, los meses han pasado volando. Las experiencias de pasar de freelance a negocio real no han sido pocas.

Mentiría si te contara que todas las experiencias que he vivido con Blanco Ruso han sido gratificantes pero el auto conocimiento al que me han llevado, resulta primordial para seguir creciendo: primero como persona y después como empresaria.

Nada es imposible, quiero que te quedes con esta frase. Quiero que se te grabe a fuego y que este resumen de mi primer año como empresaria nos haga recordar a ti y a mi, sólo lo bueno que pasó si echas la vista atrás. Sólo nos quedemos con la fracción positiva de todo lo que aprendimos y con aquello que nos hará más fuertes y sabios en el futuro.

Soy positiva por naturaleza y hoy, abriendo de lleno las puertas de mi espacio virtual, quiero contarte cómo decidí un día darle forma a mi emprendimiento.

Y es que aunque oficialmente, el lanzamiento de Blanco Ruso tuvo lugar en el mes de julio de 2016, hubo mucho trabajo detrás hasta llegar a ese instante de mi vida, materializado en este vídeo:

Mi historia personal

Creo firmemente que la imagen visual de un negocio puede cambiar la percepción que los demás tienen de él y del profesional que hay detrás. Yo misma lo viví en mis propias carnes y hoy, quiero contártelo.

Aprendí, testando conmigo misma, como pasar de freelance a negocio real.

Me formé en gráfica publicitaria en la Escuela de arte de Córdoba y poco después de terminar mi formación ya estaba trabajando en una de las mejores agencias de publicidad andaluzas del momento. Mi afán de crecimiento me llevó a trasladarme a Sevilla pero fue aquí donde me di cuenta que lo que necesitaba no era tanto crecer profesionalmente sino que primaba el ser madre. 

Así que volví a hacer las maletas y mi marido conmigo y empecé a desarrollar mi profesión fuera de las agencias para hacerlo desde mi casa en Córdoba como freelance.

Fueron años de mucho trabajo que intercale con el nacimiento de mis dos hijos. Pero al nacer mi hija, la crisis estaba en su punto más álgido. Las agencias ya no me necesitan, las constructoras o inmobiliarias que había logrado como clientes tampoco precisaban ya de mi ayuda y me vi forzada a reinventarme.

Fue entonces cuando nació mi blog personal, Ahora también mamá. Un blog donde compartir aquello que me gustaba y se me daba bien, porqué no decirlo.

Ví la posibilidad de continuar diseñando pero ahora creando papelería para eventos y tan bien me iba y tanto gustaba el blog que diferentes medios se fueron haciendo eco de mi trabajo.

No estaba mal. Disfrutaba con lo que hacía pero ser influencer no me daba una nómina y la creación de invitaciones tampoco me permitía generar ingresos suficientes así que comencé a ayudar a diseñar las marcas de otras mujeres como yo que querían vivir de su profesión conciliando con su maternidad y en paralelo, carambolas del destino, a mi marido lo trasladan a trabajar a Sevilla. Así que ahora, la que no tenía más remedio que conciliar era yo. Y tenía que darme prisa.

Él militar de profesión, con salidas al extranjero cada cierto tiempo y yo sóla en Sevilla, sin familia ni amigos que me echaran una mano en el día a día y dos niños de 2 y 4 años.

Ahora lo de emprender tenía que tomármelo más en serio que nunca y el negocio digital fue mi apuesta más segura.

El trabajo en creación de marca para esas madres como yo y mi experiencia profesional que ya por aquel entonces era superior a los 10 años, me ayudaron a convertirme en lo que soy a día de hoy: directora de arte y estilista de marca para emprendedores.

Y así, nace Blanco Ruso, un estudio de diseño, desde donde ayudo a emprendedores y pymes, interesados por el diseño con estilo, a mejorar su imagen de marca, para conquistar a su cliente ideal y en consecuencia mejorar los beneficios de sus negocios.

Y cuento todo ésto porque he vivido en mis propias carnes cómo es posible pasar de desapercibido en la multitud, a destacar y tener una personalidad propia. Personalidad que sólo logré mostrar cuando me detuve a trabajar en la imagen de mi propio negocio.

A pesar de tener gran experiencia en el sector de la publicidad y el marketing y aunque había trabajado para diferentes empresas de renombre, hasta que no invertí tiempo y dinero en crear una imagen de marca consistente y reconocible, no dejé de ser una diseñadora que trabaja para otros. Pasar de freelance a negocio real, y convertirme en la dueña de mi propio estudio de diseño. 

Fue entonces cuando mejoré notablemente la percepción que los demás tenían de mí y logré llegar al cliente con el que soñaba trabajar.

Eso es lo que hago ahora con cada uno de los clientes que llegan a Blanco Ruso, el estudio que nació de una idea de emprendimiento, como si fuera un folio en blanco y que lleva el nombre del color de los comienzos y el de mis dos hijos, Rubén y Sofía.

 

Contar con la experiencia de otros profesionales

Si hay algo que tuve claro desde el primer momento fue que lo mejor era contar con una visión externa. Y es que no hay nada más difícil en este mundo que trabajar para uno mismo. Porque no se trataba únicamente de darle forma gráfica al nombre de empresa que había adoptado sino que además, gráficamente debía transmitir mucho más de mi, romper con gran parte de lo que había hecho con anterioridad y llegar, de esa forma, a mi cliente ideal.

Contar con la experiencia de Mónica y Jaio, expertas en comunicación con su Marketing Expresso; con la visión empresarial de Laura Ribas, haciendo uno de sus cursos online; formarme en comunicación con Eli Romero y su equipo; o aprender sobre marketing digital de emprendedores de lujo me han ayudado a ampliar la visión freelance – autónoma y virarla hacia la visión como empresaria que tengo hoy.

Ni que decir tiene que contar con unos profesionales de la imagen y el vídeo como los chicos de Kirigami fue la guinda del pastel. Supieron crear el vídeo del lanzamiento de una manera elegante y fresca, como buscaba desde el inicio. Así potenciamos el branding que comenzó con el diseño de la identidad de la marca de Blanco Ruso, diseñada por mi misma.

 

Recogiendo frutos

Meses más tarde, empiezo a recoger los frutos de estas experiencias vividas en los 6 primeros meses de andadura de mi negocio. Mano a mano con emprendedores y empresarios tan estupendos como Maïder Tomasena y Eli Romero (con las que participé en la imagen de marca de su evento Conexión); como María, de la maravillosa tienda de Oui Oui, a la que presté un granito de arena dando estética a su nuevo servicio de Mentoring; o con Greta de Julie Julie Party de la que ya te hablaba en esta entrada del blog.

Con ellos y contigo que pasas por aquí a leerme o que ya confiaste en mi trabajo, Blanco Ruso va rodando deseoso de seguir creciendo.

Por eso, te deseo que estos próximos meses destaques entre tu competencia. Trabaja para resaltar tus fortalezas, tus puntos fuertes. Brilla porque tú y tu negocio valéis millones. Y no te olvides nunca que con tu imagen los demás podrán ver cuánto puedes ayudarles para que entiendan que están en las mejores manos o que acaban de comprar el producto que les ayudará de forma extraordinaria.

Recuerda, no es imposible, sólo has de tomar la mano de los que fueron por delante tuya y no dejar de aprender nunca. Formarte y compartir con personas que se encuentran con las mismas necesidades que tú y dejarte guiar por el mentor o profesional con el que más cómodo te encuentres.

Pasar de freelance a negocio real, es posible.

¿Y tú? ¿Sueñas con mejorar tu vida profesional y crear tu propio negocio? Cuéntame en los comentarios, me encantaría saberlo.

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